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24 jul 2012

 Lo peor era abrir los ojos y sentir ese frio penetrando tus huesos por el hueco inerte y desconsolado que dejaba en su lado de la cama cuando se tenía que ir temprano a trabajar. Añorar las mieles de unos desayunos en pijamas y desnudar las pasiones con cada caricia o carcajada. Lo peor era la espera y la ausencia eterna, el dolor adherido a los costados y las balas acechando como almas despiadadas, el olor a pérdida y una radio que apenas acompaña. Lo peor era divisar tu marcha por las rendijas de mis ventanas y contar los minutos que nos separan..

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